Ejes del sol de la Tolita

Sol de La cultura Tolita
Ejes del sol de la Tolita
42 serpiestes
Fruto de un hallazgo fortuito o de una excavación clandestina, este magnífico tesoro de lámina de oro, fue recuperado para el patrimonio arqueológico ecuatoriano cuando se intentaba sacarlo del país. Representa a un personaje humano, con rostro felínico que deifica al sol, o al sol que se humaniza en la cabeza de un hombre. Los rayos están dispuestos en diferentes planos para que el aire les diera vida al moverlos. Los agitados rayos son serpientes que se mueven zigzagueantes.
En 1940, en un lugar llamado Chunucari, cerca de la ciudad de Sigsig, en los Andes meridionales de Ecuador, unos huaqueros descubrieron una pelota de oro estrujada. La vendieron, intocada, a un individuo local que compraba y vendía antigüedades, y este a su vez a Max Konanz, un coleccionista de Cuenca. En los meses siguientes, Konanz y su esposa abrieron laboriosamente la pelota que resultó ser la cara grande (ca. de 44 cm. de alto) de un sol de oro, martillado en el estilo provincial Huari-Pachacamac. Por algunos años, Konanz exhibió el sol en su museo privado, y luego vendió su colección al nuevo Museo del Banco Central del Ecuador.

Esta cultura se extendió por la costa desde la zona de Esmeralda en Ecuador hasta la Región de Tumaco en Colombia. Esta región está en el límite sur de las costas tropicales del oeste de Sudamérica, más allá del cual el paisaje se vuelve gradualmente más árido. Es un área muy boscosa, húmeda, de lluvia abundante y gran cantidad de fauna, cruzada por anchos ríos navegables y numerosas islas en las zonas de desembocadura.

La cerámica de La Tolita se caracteriza por el uso de una arcilla grisácea y arenosa, con la que se elaboraron cántaros, jarros, vasos trípodes y ralladores de yuca. Las figurillas, abundantes y muy cuidadosamente elaboradas, muestran un notable realismo. Casi todas llevan narigueras, orejeras y otros adornos corporales. Destacan también las representaciones de seres míticos, tales como individuos mitad humanos y mitad animal. Otro objeto notable son los incensarios, algunos de gran tamaño y muy semejantes a los que se encuentran en Mesoamérica. El trabajo de la piedra fue consagrado a la manufactura de manos de moler, hachas y cinceles, aunque también resalta el trabajo de piedras semipreciosas (esmeraldas, cuarzo, ágatas y turquesas), las que se engastaban en joyas de oro y plata. Los orfebres La Tolita fueron los primeros en el mundo en trabajar el platino.Las representaciones en cerámica y orfebrería, la gente de La Tolita adoraba a una gran cantidad de seres míticos. Entre ellos destacaban animales poderosos como el felino y la serpiente y, también, algunos simios y sapos. La representación en cerámica de muchas escenas eróticas podría tener correlato con ritos de fertilidad e iniciación sexual. Los muertos eran enterrados extendidos y de costado, con ajuares de joyas, vestidos y objetos utilitarios.

 Notas de Interes
Al principio se creyó que era un Sol, es decir una representación del Inti. Luego se vió que el “Sol” en realidad era una cara humana que estaba puesta un casco de la cual se desprendían serpientes. A la final se concluyó que era una divinidad de la Cultura La Tolita, ya que este “Sol” era utilizado a manera de corona por los Caciques.

Rectángulo Azul: La forma de la boca es la misma
Rectángulo Verde: En ambas representaciones la divinidad usa un casco del que salen serpientes.
Rectángulo Lacre: En las tres representaciones los íconos usan el mismo objeto arriba de su cabeza (sobre el casco).

Rectángulo Azul: Acá se puede ver claramente en ambas imágenes que los adornos del casco son en realidad serpientes. En el caso de La Tolita al principio se pensó que eran los rayos de sol, pero luego de encontrar otros “Soles” se descubrió que eran serpientes.

Los Wiracochas de La Tolita

En la actualidad existen tres “Soles de Oro”, a pesar de que se ha comprobado mediante análisis químicos e iconográficos que estos pertenecen a la Cultura La Tolita, ninguno de ellos se han encontrado en un asentamiento de La Tolita.

  • El primero de ellos se encontró en la tumba de un cacique Cañari cerca de las ruinas del señorío que se asentó en cerca de la ciudad del Sigsig.
  • El segundo se encontró una tumba de un Gobernante de la cultura Manteño-Huancavilca, aunque no está determinado en que lugar exactamente.
  • El tercero “apareció” en manos de un coleccionista de Guayaquil, que decía que se lo había comprado a un huaquero.

En el caso de los Cañaris y Manteño-Huancavilcas se pensó que está “divinidad de La Tolita” fue a aparecer en lugares tan lejanos por medio de intercambio comercial entre líderes. Sin embargo ahora se levanta la teoría de que independientemente de los dioses regionales, “El dios de los báculos” fue un dios general en el mundo andino ecuatoriano, peruano y boliviano.

La cultura La Tolita se desarrolló también en Colombia pero allá la llaman “Tumaco”, y apesar de que son muy similares en muchas cosas (Tolita y Tumaco) en otras cosas bastante diferentes y a pesar de que no se han encontrado “Soles de Oro” en Colombia cabe la posibilidad de que también ahí, Wiracocha, haya sido un dios importante.

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